Sobre el tema de inclusión social
La inclusión social parte de reconocer la discriminación y la exclusión social como negación de la ciudadanía. De reconocer y respetar la diferencia, con criterios de equidad y justicia social.
Ahora, hasta ahí suena muy lógico y uno pensaría que es un enfoque ‘estándar’ que se tiene en mente cuando se trabaja con infancia y primera infancia.
… pues no señores (y señoras). Vean que este enfoque es muy reciente, sobretodo en Colombia. Empieza a aplicarse en forma en legislación y en la práctica desde alrededor del 2006!!!! No solo eso, sino que culturalmente en gran parte el enfoque que prevalece es el enfoque de la “Situación Irregular”. Les explico en que consiste:
La Situación Irregular parte de pensar que en un contexto normal o ideal, los niños son propiedad de los padres: estos se encargan de su cuidado, educación, alimentación, etc. etc. Siendo de esta forma, el Estado no tiene por qué entrar a intervenir. El Estado interviene cuando estos ‘menores’ están en contextos – problema (ojo, aquí ya no usan tanto el término ‘niños’, sino ‘menores’). El Estado interviene cuando hay alguna situación de vulnerabilidad (abandono, maltrato, desplazamiento, pobreza extrema,…). Entonces, los menores sí deben ser responsabilidad del Estado, y este debe encargarse de brindarle lo que le falta.
Ahora, hay dos problemillas con este enfoque. Por una parte, es un enfoque que tiene un fondo un poco perverso, en el sentido en que en el mismo proceso de ‘hacerse cargo’ está cargado de un acto de exclusión: los ‘menores problema’, sea cual sea el caso de vulnerabilidad, deben separarse de los ‘niños normales’, y ser ‘reformados’ para que no sean un riesgo para la sociedad.
Pues les cuento, y este fue uno de los puntos que se trataron en el panel, que este enfoque de “situación irregular” es el predominante culturalmente. Es el enfoque tradicional de ‘los niños pobrecitos’, que son objeto de pesar, lástima, y deben ser apartados: no queremos que anden por ahí robando, o molestando ‘a los ciudadanos de bien’. Si el niño está en una situación de pobreza, discapacidad, desplazamiento, abandono, maltrato, etc., hay que “apartarlos y tratarlos”. Son, de esta forma, objetos de pesar y de cuidado. Echenle ojo por ejemplo a la forma en que se presentan los niños en alguna situación de vulnerabilidad en los medios de comunicación y díganme si no tienen este tratamiento.
Ahora, el enfoque de la Protección Integral donde se encuentra enmarcado el concepto de inclusión social es radicalmente distinto. Este enfoque considera primero que los niños NO son propiedad…  ni del Estado, ni de los padres. Y además de esto, son todos, por igual, sujetos de derechos. TODOS tienen derechos, y el Estado debe procurar que estos derechos se cumplan, sin discriminación.
Esto, a nivel de implementación, plantea varios desafíos. Suena bonito decir que no haya discriminación, que no los aparten, sino que sean “integrados a la sociedad”. Que puedan asistir al colegio, al mismo colegio que los “niños normales”. No separados y llevados aparte, sino en el mismo espacio que todos.
Uno de los rollos es que el choque es muy fuerte para los colegios, profesores, padres de familia que culturalmente tienen en mente que los niños “diferentes” (sea lo que sea esa diferencia) deben estar en otra parte. De la experiencia del Distrito al menos, manifiestan no estar preparados para este cambio.
Otro de los problemas es en lo que llaman la ‘focalización’ que se debe hacer de los recursos para garantizar el cumplimiento de los derechos de los niños que tienen esos derechos más vulnerados. ¿Por qué destinar recursos para la ‘infancia’ en general, cuando hay unos que en principio ‘están bien’? El rollo aquí, de lo que alcancé a captar, es cómo hacer esto sin caer en un la exclusión sino con estrategias de inclusión.
Por ejemplo, consideremos el caso de los niños combatientes (en guerrilla, paramilitares, bandas ‘emergentes’, etc.). El enfoque típico diría: ‘hay que brindar atención y cuidado especial a los niños combatientes en zonas donde hay conflicto’. Y sí, claro que hay que hacerlo, pero puede que la mayor parte de fuerza no deba estar ahí, sino en evitar que se de esa situación. Al igual que en los enfoques de salud pública, es mucho más efectiva (e incluso económica) la inversión en prevención que en atención. Se me viene a la cabeza un anécdota: hace unos años estábamos trabajando en un proyecto en el Bajo Atrato Chocoano, y conocí a un profesor que me decía que para él el antídoto para evitar que los niños fueran reclutados por la guerrilla o los paras era sencillo: buscar a toda costa que llegaran al menos hasta octavo grado. El decía que no conocía el primer caso de un joven que tuviera bachillerato que se dejara convencer y se fuera a un lado o al otro. Puede que algunos que no se dejaban convencer los mataran (como le pasó un par de veces a grupos de estudiantes que él lideraba, y que por cosas de la vida él se salvó)… pero esa es otra historia (aunque igualmente complicada). El caso es que los que se quedaban estudiando NO se iban, y el trabajo de este profe, como él lo veía, era generar todo tipo de estímulos que se le ocurrieran para que no abandonaran el colegio (armar grupos de deportes, culturales, o lo que sea que les incentivara asistir).
Entonces, vean que este enfoque es bien, BIEN distinto. No parte de decir: los niños combatientes son un problema que hay que aislar para que no se hagan daño a ellos ni a la sociedad. Parte de decir: reconozcamos el contexto en que se generan estas dinámicas, y actuemos sobre ellas. El problema con los niños combatientes no son los niños combatientes. Es el entorno en el cual ser niño combatiente es la mejor opción que éstos ven disponible.
Y esto aplica en muchos niveles. Los niños en condición de discapacidad son otro caso, delicado de tratar… deben ser integrados al colegio, o deben ser separados.
Ahí les dejo la inquietud. Por lo pronto les adelanto (@bonchis15 y Andre me corregirán), que este será el tema del siguiente webinar.

El Post pasado hablaba mucho sobre la forma del webinar. Quedé iniciado, y quería reflexionar (o más bien, compartir), sobre el contenido del webinar.

Hago una advertencia importante, y es que no soy ningún experto sobre el tema. Por el contrario, soy más bien ignorante de él. Pero en parte por eso me generó inquietud masticarlo a partir del panel.

Habiendo echo la anterior advertencia, invito a las chicas del equipo de infancia que saben mucho más del tema a comentar, hacer precisiones, criticar, etc. etc., este post.

Algo que me llamó la atención, es que la definición de lo que es la inclusión, la hacían en contraposición a la exclusión. A partir de la presentación de Constanza:

La inclusión social parte de reconocer la discriminación y la exclusión social como negación de la ciudadanía. De reconocer y respetar la diferencia, con criterios de equidad y justicia social.

Ahora, hasta ahí suena muy lógico y uno pensaría que es un enfoque ‘estándar’ que se tiene en mente cuando se trabaja con infancia y primera infancia.

… pues no señores (y señoras). Vean que este enfoque en la práctica es muy reciente, sobretodo en Colombia. Empieza a aplicarse en forma en legislación y en la práctica desde alrededor del 2006!!!! No solo eso, sino que culturalmente en gran parte el enfoque que prevalece es el enfoque de la “Situación Irregular”. Les explico en que consiste esto:

El enfoque tradicional frente a los niños parte de pensar que en un contexto normal o ideal, los niños son propiedad de los padres: estos se encargan de su cuidado, educación, alimentación, etc. etc. Siendo de esta forma, el Estado no tiene por qué entrar a intervenir. El Estado interviene cuando los niños (llamados ‘menores’) están en contextos-problema. El Estado interviene cuando hay alguna situación de vulnerabilidad complicada (abandono, maltrato, desplazamiento, pobreza extrema,…). Entonces, los menores pasan a ser responsabilidad del Estado, y este debe encargarse de brindarles lo que les falta.

Ahora, hay dos problemillas con este enfoque. Por una parte, es un enfoque que tiene un fondo un poco perverso, en el sentido en que el mismo proceso de ‘hacerse cargo’ está cargado de un acto de exclusión: los ‘menores problema’, sea cual sea el caso de vulnerabilidad, deben separarse de los ‘niños normales’, y ser ‘reformados’ para que no sean un riesgo para la sociedad.

Pues les cuento, y este fue uno de los puntos que se trataron en el panel, que este enfoque de “situación irregular” es el predominante culturalmente. Es el enfoque tradicional de ‘los niños pobrecitos’, que son objeto de pesar, lástima. Es el enfoque bajo el cual por el bien de todos deben ser apartados y tratados: no queremos que anden por ahí robando, o molestando ‘a los ciudadanos de bien’. Son, de esta forma, objeto de pesar y de cuidado. Échenle ojo por ejemplo a la forma en que se presentan los niños en alguna situación de vulnerabilidad en los medios de comunicación y vean cómo los “pobrecitean”.

Ahora, el enfoque de la Protección Integral donde se encuentra enmarcado el concepto de inclusión social es radicalmente distinto (chicas de infancia, corríjanme si estoy diciendo es una bestialidad). Este enfoque considera primero que los niños NO son propiedad…  ni del Estado, ni de los padres. Y además de esto, son todos, por igual, sujetos de derechos. TODOS tienen derechos, y el Estado debe procurar que estos derechos se cumplan, sin discriminación.

Esto, a nivel de implementación, plantea varios desafíos. Suena bonito decir que no haya discriminación, que no los aparten, sino que sean “integrados a la sociedad”. Que puedan asistir al colegio, al mismo colegio que los “niños normales”. No separados y llevados aparte, sino en el mismo espacio que todos.

Uno de los rollos es que el choque es muy fuerte para los colegios, profesores, padres de familia, etc., que culturalmente tienen en mente que los niños “diferentes” (sea lo que sea esa diferencia) deben estar en otra parte. De la experiencia del Distrito al menos, los profesores relacionados con este tema manifiestan no estar preparados para este cambio.

Otro de los problemas es en lo que llaman la ‘focalización’ que se debe hacer de los recursos para garantizar el cumplimiento de los derechos de los niños que tienen los derechos más vulnerados. ¿Por qué destinar recursos para la ‘infancia’ en general, cuando hay unos que en principio ‘están bien’? El rollo aquí, de lo que alcancé a captar, es cómo hacer esto sin excluir, sino por el contrario con estrategias de inclusión.

Por ejemplo, consideremos el caso de los niños combatientes (en la guerrilla, paramilitares, bandas ‘emergentes’, etc.). El enfoque típico diría: ‘hay que brindar atención y cuidado especial a los niños combatientes en zonas donde hay conflicto’. Y sí, claro que hay que hacerlo, pero puede que la mayor parte de fuerza no deba estar ahí, sino en evitar que se de esa situación. Al igual que en los enfoques de salud pública, es mucho más efectiva (e incluso económica) la inversión en prevención que en atención. Se me viene a la cabeza un anécdota: hace unos años estábamos trabajando en un proyecto en el Bajo Atrato Chocoano, y conocí a un profesor que me decía que para él el antídoto para evitar que los niños fueran reclutados por la guerrilla o los paras era sencillo: buscar a toda costa que llegaran al menos hasta octavo grado. El decía que no conocía el primer caso de un joven que tuviera bachillerato que se dejara convencer por un grupo armado ilegal. Puede que algunos que no se dejaban convencer los mataran (como le pasó un par de veces a grupos de estudiantes que él lideraba, y que por cosas de la vida él se salvó)… pero esa es otra historia (aunque igualmente complicada). El caso es que los que se quedaban estudiando NO se iban a los grupos armados, y el trabajo de este profe, como él lo veía, era generar todo tipo de estímulos que se le ocurrieran para que no abandonaran el colegio (armar grupos de deportes, culturales, o lo que sea que les incentivara asistir).

Entonces, vean que este enfoque es bien, BIEN distinto. No parte de decir: los niños combatientes son un problema que hay que aislar para que no se hagan daño a ellos ni a la sociedad. Parte de decir: reconozcamos el contexto en que se generan estas dinámicas, y actuemos sobre ellas. El problema con los niños combatientes no son los niños combatientes. Es el entorno en el cual ser niño combatiente es la mejor opción que éstos ven disponible.

Y esto aplica en muchos niveles. Los niños en condición de discapacidad son otro caso, delicado de tratar… ¿deben ser integrados al colegio, o deben ser separados? ¿Cuándo sí, cuándo no? ¿Por qué?

Ahí les dejo la inquietud. Por lo pronto les adelanto (@bonchis15 y Andre me corregirán), que este será el tema del siguiente webinar.

Les adjunto las presentaciones que hicieron los ponentes (Mario Suescún de la Defensoría del Pueblo, y Constanza Alarcón Subdirectora de Infancia de la Secretaría de Integración Social de la Alcaldía Mayor de Bogotá).

Presentación Defensoría del Pueblo:

Presentación Integración Social:

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